
El hombre de las manos de pájaro y piel dorada, cada noche contaba a sus crías una linda historia. Cuando alguna vez había un problema, me llevaba a sus piernas y me contaba otra historia, pero hacia enormes pausas para que yo continuara con la historia. Yo bajaba de sus piernas sintiéndome grande y sabia, pues había ayudado a ese hombre tan inteligente a contar una historia. Hace ya muchos años que el voló. Para recordar su rostro hay que caminar al pasado. Para comunicarse con el, no hay mas que desearlo con todo el corazón.
El responde dando una caricia, cierro los ojos y me dedico a sentir. Envuelve mi cuerpo con sus brazos de viento, escucho su murmullo entre las hojas de los arboles y en ocasiones especiales, deja caer una gota de roció sobre mi rostro.
Le pedí que se pusiera a mi lado, y le conté la historia del Joven Caballero y la Princesa de la Burbuja. Hacia yo pequeñas pausas para que el también hablara, como cuando yo era niña.
- La princesa sentía mucho miedo. Sabía que el tiempo estaba cerca y no quería decepcionar al príncipe. El era lo que ella había esperado….
- Que no tenga miedo, pues el solo sentirlo nos tiene en desventaja. Nos inmoviliza, corta las palabras, nos movemos de manera torpe, pensamos mucho y decimos poco; hablamos mucho y no decimos nada.
Cuando este junto al príncipe, sentirá su calor, su amor, vera su luz… lo reconocerá al verse en sus ojos. Y en ese momento dejará de sentir miedo. No hay nada que temer, porque el amor de verdad no tiene más que cosas buenas que dar.
El amor a veces duele, pero vale la pena sufrir todo, por una sonrisa de tu amor, verte en su mirada, sentir esa electricidad al rosar su mano, por sentir como el alma se vuelve una al rosar sus labios…
No tengas miedo… Cuando te vas, esas cosas son las que te hacen ver que vivir vale la pena.
- Te extraño mucho papá…
- No me extrañes princesa, siempre estoy a tu lado.
Di gracias por el consejo.